Children's, Youth &
Community Center

DRAFT- The Value of Sharing Food EN

02.06.2019

Every school day we prepare, cook and enjoy 60 lunches in our „comedor“. Even though we provide childcare, education and social services, the kitchen and dining room is at the heart of SALEM Ecuador. In fact for the last 50 years a commitment to an organic, whole food vegetarian diet has been the foundation of all SALEM projects worldwide because:
„The way to a man’s heart is through his stomach.“

Mauricio and Claudia – owners of THE FOOD STUDIO share many of the same values about growing, cooking and enjoying food as we do. Since December last year they have helped our new cook, Fernanda, plan and create delicious seasonal Vegetarian menus. They were even kind enough to share some of their vegetarian recipes with us such as their delicious falafel recipe

As lovers and creators of food we asked The Food Studio Claudia&Mau to share their first impressions of lunchtime at SALEM and the value of sharing and enjoying food together“

Recuperando valores a través del almuerzo

Llegó con mucha hambre, mucho calor y lleno de emociones después de una jornada escolar. Entra, saluda, se lavó las manos, toma un plato y pasa a la cocina, observa minuciosamente cada contenedor de los alimentos. Hoy para comenzar hay una crema de coliflor. Se sirve.

Camina lentamente con las manos en su plato de sopa hacia la mesa donde están sus amigos, asienta su plato de sopa y de la canasta que está en medio de la mesa, toma una servilleta y coloca con precisión los cubiertos -a lado de su plato-. Da gracias por la comida y finalmente prueba un bocado de la sopa.

¡Poco a poco la mesa se va llenando de sus amigos, si todos aquí, compartiendo este espacio cotidiano y de protección en Mindo. ¡¡¡Después del primer bocado de sopa se ríe y dice -Que rico que está!!! Tengo mucha hambre.

Al sentarme saludo a las guías que están alrededor del grupo, Ellas los acompañan cotidianamente. Yo, como invitada con curiosidad observo esta ceremonia. La llamo así por ponerle un nombre. Porque en realidad lo correcto seria llamarla fiesta. Mientras, mi cabeza ensaya pensamientos del valor del almuerzo y, los aprendizajes simples y cotidianos que te marcan la vida.

Entonces terminan la sopa los niños y las niñas, sin aparente orden se levantan, lavan su plato y se sirven el segundo. Lo hacen conociendo que podrán servirse un carbohidrato delicioso, siempre y cuando esté acompañado de una rica ensalada.

Nadie se queja, veo con atención como todos devoran sus alimentos y se ríen comentando el día. Poco a poco mis pensamientos se abandonan. Si, dentro mío se que son niños con alto grado de vulnerabilidad; Si, también sé que muchos de ellos tienen una vida diaria compleja, dura. Pero con las carcajadas y complicidades, me voy olvidando de todo ello y me uno a disfrutar y apreciar el momento.

Esta fiesta, ocurre de lunes a viernes, inicia puntual y, continúa hasta que el último miembro de Salem ha llegado de su jornada. Cuando he terminado mi plato, no puedo evitar mi propia sonrisa y alegría. Me despido y camino por nuestras calles mindeñas, hoy ha llovido, debo caminar lentamente para que el barro me salpica menos.

Mientras lo hago, me doy cuenta que, esos son los instantes de la diferencia entre una vida sin muchas oportunidades y una, que tiene la oportunidad de salir adelante para valorar las pequeñas cosas; Como siempre veo el futuro y pienso que, así un día podría ser que la propia vida se llena de valores..

Doy gracias por el almuerzo, por quien lo prepara y quién lo disfruta. Gracias por ese momento, porque pude recordar esos valores, que todos olvidamos y los damos por hecho. Y, que realmente vienen, de la enseñanza, paciencia y sensibilidad de otros. Gracias por esos otros que caminan con uno.

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